¿Por qué me gusta usar objetivos fijos?

Soy mal fotógrafo –si es que se puede decir que sea «fotógrafo»–, sí, con esas palabras empiezo un artículo en el que hablo de fotografía, puede ser un tiro en el pie, o una manera de decir para que me vale a mí, que soy un mal fotógrafo, usar un objetivo fijo en mi día a día, las ganas que tengo de aprender y de que este enorme mundo de la fotografía se me dé bien. En ese sentido, con los objetivos fijos he aprendido cosas, he interpretado cosas y he podido jugar más que con casi cualquier otro objetivo para entender muchas cosas de la fotografía, que no siempre comprendía. Mis razones para usar objetivos fijos.

La primera y evidente es el precio, aunque no es que sean los más baratos, de hecho si nos metemos en marcas como Leica o Zeiss, sus objetivos fijos son muy caros, otras marcas, sin irnos a los top del mercado, ofrecen objetivos fijos a precios muy interesantes. Yo por ejemplo tengo el Nikon 50 mm f/1.4, un objetivo que ronda los 400 euros –el de Canon tiene un precio similar aunque algo inferior–, pero los 50 mm f/1.8 de Canon o Nikon cuestan menos de 200 euros, y si nos metemos en otras marcas –Yongnuo al poder– tenemos alternativas por menos de 100 euros.

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¿Qué nos aporta un objetivo fijo? Pues bastante sencillo la verdad, lo primero de todo es que nos tenemos que mover para poder encuadrar bien lo que queremos, nos olvidamos de darle a la ruedecita y vamos a movernos nosotros, eso nos enseña encuadres, proporciones, perspectiva, casi todo lo importante a la hora de «montar» una escena. Sin duda es un poco «coñazo», pero a la larga acabas aprendiendo más haciendo fotos complicadas una tarde con un objetivo fijo, que en un mes con un zoom.

Ya si nos metemos en temas más técnicos, a precios parecidos me gusta usarlos porque me dan mucha más calidad, en opciones parecidas de precio –tengo un presupuesto fotográfico limitado–, un objetivo fijo, siempre va a tener mucha más nitidez que un objetivo zoom. Un poco acorde con esto, suele venir la luminosidad del objetivo, eso nos aporta en algunos casos más calidad a la hora de tener que exprimir menos la sensibilidad del sensor, y en otros un mayor efecto bokeh –el mayor desenfoque de los planos fuera de foco–, esto hace que aunque seamos malísimos retratistas, consigamos un enfoque que aisle el sujeto y parezcamos mucho mejores de lo que en realidad somos. ¿Te gustan los objetivos fijos?

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Ruben Ulloa

Fundador de Arquitectura de Galicia y The Groyne, editor especializado en tecnología y análisis de producto. Colaborador en Xombit y Andro4all realizando análisis de producto. Dime de qué quieres saber y te haré un blog o un vídeo.

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