Hay quienes creen (me incluyo), que los videojuegos deberían ser considerados un arte. Así como la música, la danza, o la pintura, hay videojuegos que expresan ideas, emociones y, en general, una visión del mundo. Limbo entra por méritos propios en esta categoría.

El juego fue diseñado por Playdead, una pequeña compañía independiente danesa. En su primer año en el mercado (2010), vendió más de un millón de copias. Tras haber estado rondando por ahí un tiempo, finalmente le he puesto las manos encima, y qué agradable sorpresa.

Mis impresiones de Limbo

Lo primero que quiero aclararte es que Limbo es de esos juegos que, si pretendes evaluar con la misma lupa que le pones a otros, te vas a terminar perdiendo un trabajo único.

Apenas comienzas a jugar te das cuenta de algo elemental: estarás solo durante toda la historia, y esto significa que no te explicarán mecánicas, ni por qué estás allí, ni por qué el mundo es monocromático, nada de nada.

Luego de descubrir que la tecla control es la única que sirve para algo (además de las flechas) ya estás listo para superar todos los obstáculos del título. Eso sí, vas a necesitar también mucha imaginación y bastante paciencia para lograr resolver los puzles que van apareciendo.

Una vez familiarizado con Limbo, es hora de comenzar a disfrutar de los detalles. Y es que, aunque todo es monocromático, esto no te va a impedir gozar con el apartado visual. Ni tampoco con el sonido que, si bien lo componen pocas pistas, está bien estructurado y acompaña magistralmente tu paso por el Limbo.

Quizás la crítica más grande que se le pueda hacer a Limbo tenga que ver con su duración. Con apenas 24 capítulos, el juego se pasa en un par de horas. Sin embargo, voy a partir una lanza en favor de los desarrolladores. Cuando uno va a un museo a disfrutar de una obra de arte, lo hace como máximo durante unos cuantos minutos y luego continúa a la siguiente, de otra forma el aburrimiento se hace presente. Considerando que Limbo tiene más de arte que de videojuego, agradezco que no hayan alargado la aventura. Me viene a la mente un refrán popular “Lo bueno, si es breve, dos veces bueno”.