«13 Horas…» El toque Bay al cine bélico

Michael Bay se toma un merecido (y necesario) descanso de guerras entre robots marcianos para dar su toque a una historia mucho más terrenal y dejarnos más de dos horas de excelente exaltación.

«13 horas: Los soldados secretos de Bengasi» es una película de guerra a la nueva usanza. No pretende abarcar toda una transcendental guerra, simplemente cuenta una pequeña historia dentro de una guerra que, por contemporánea, todos conocemos… y con un pequeño y falso intento de autocrítica americana.

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Siguiendo la estela de «Zero dark thirty» y de “En tierra hostil” pero con una ligera diferencia: es una película de Michael Bay… por lo que ni tiene, ni busca, la profunda labor reveladora de la primera, ni el peso emocional de la segunda (Sorprendente ganadora del Oscar a mejor película). Es, simple y llanamente, una película en la que un puñado de militares de élite, tatuados, musculados y barbudos, de esos que ahora llaman “pornosexuales” (como marca la moda) son enviados al quinto infierno a matar y morir.

Pero todo por América, repito. Por América. ¿Ha quedado claro? Lo digo porque lo hacen por salvar vidas americanas, americanas. Repito, americanas… Creo que me he quedado corto, pero se capta el mensaje. Esta es una de esas películas en las que se esgrimen continuamente frases como: “Hay en juego vidas americanas” o “Soy ciudadano americano” como si la palabra “americano” significara “Jesucristo cubierto de oro nacido del coño de la Bernarda”. Porque «13 horas» gana de largo en cantares patrióticos a la mismísima “American Sniper” de Clint Eastwood… largometraje que había dejado el listón de besos a la bandera realmente por las nubes.

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Así que a eso van estos mozos: a matar y morir por América, dicen, aunque lo que hacen es lo de siempre por los de siempre. O sea dejarse el escroto en un país tercermundista para sacar las castañas del fuego a los trajeados de “arriba”. Un poco de CIA por aquí, un poco de “basado en hechos reales” por acullá… y tenemos montada la trama. ¿Para qué queremos más? Qué comience el despliegue de fuegos artificiales.

Y el Señor Bay los despliega, y bien, y con sentido. Esto no es “Transformers” y los muertos no son marcianos. Así que lo cimenta todo sobre una historia seria… sencilla, pero seria y hasta cruda por momentos. Y luego… pues luego lo hace saltar todo por los aires como a él le gusta.

Tensión, emoción, acción y un montón más de palabras acabadas en “ón”, la película son más dos horas clavado a la butaca del cine.

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Cesar E.

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