Johnny Depp se estrella, también, sin Tim Burton

El señor Johnny Depp demuestra con esta película, una vez más, que no necesita de su amiguísimo para hacer el ridículo. Se vale y se sobra solito y nos deja una película llena de actores de renombre, a los que cuesta imaginar a que clase de conjuro o hipnosis hubo que someter, para convencerlos de que se involucraran en tan disparatado proyecto… y se dejasen arrastrar a semejante pantomima.

Mortdecai pretende parodiar a las clásicas películas de robos, pero resulta solo una parodia de si misma y sus participantes. Con personajes absurdos y sin la menor gracia. Con diálogos absurdos y sin la menor gracia y con situaciones absurdas y sin la menor gracia. La fórmula da, sin muchos cálculos ingenieriles, una película absurda y sin ninguna gracia. Impresentable. Como la actuación de sus protagonistas.

No sé cuánto crédito guardará la estrella de Johnny Depp. Cuánto crédito le guardara su menguante número de incondicionales. Ni cuánto crédito guardará con los productores, que ven como los proyectos del excéntrico actor no dan los preciados frutos verdes.

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Después de encarrilar, uno tras otro, desastres de crítica y «money money» ¿Qué aventurado o inconsciente productor se jugará su dinero en poner a Depp en una pantalla para otra cosa que no sea OTRO «Piratas del caribe»? «El llanero solitario» o «Sombras tenebrosas» son, por si solas, motivos suficientes para hundir una carrera… y ahora “esto”. Y es que a Depp (con o sin Burton) le pirran este tipo de proyectos, estas pantomimas exageradas, excéntricas y absurdas. Los embiste como un toro furioso colocado de ácido.

Si Johnny Depp (y su inseparable Burton) siguen hollywoodiensemente vivos, es porque son dos personajes de esos a los que se llama “de culto”, de esos a los que la mayoría no entiende pero otros adoran fiel y religiosamente. Pero todo tiene unos límites y esta pareja de hecho y cohecho están haciendo malabares con ellos, riéndose bromas mutuas y haciéndose guiños que solo ellos entienden. Y como no se andén con ojo, cuando menos se lo imaginen, no va a quedar nadie mirando.

 

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Cesar E.

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