Telegram

Un tribunal ruso ha ordenado el bloqueo inmediato de la aplicación de mensajería instantánea Telegram en todo el país.

La demanda fue interpuesta hace dos semanas por la autoridad reguladora rusa de los medios de comunicación Roskomnadzor, buscando limitar el acceso a la aplicación luego que desde Telegram se hayan negado a compartir las claves de descifrado.

En las leyes rusas se obliga a los proveedores de servicios de mensajería a compartir, por petición de las autoridades, los datos necesarios para poder acceder a las comunicaciones de sus usuarios, así como a los mensajes almacenados.

La aplicación se ha negado de plano a colaborar con el Servicio Federal de Seguridad (antigua KGB) y ya el año pasado había sido multada con 800 000 rubros (unos 14 000 dólares) por incumplir esta ley, que ha sido adoptada por el gobierno ruso para poder luchar contra el terrorismo.

Hace un par de días un tribunal de Moscú emitió sentencia y ordenó el bloqueo absoluto de la aplicación de mensajería instantánea en todo el territorio ruso. “La decisión es de cumplimiento inmediato”, se afirma en el dictamen judicial. El tribunal tardó menos de media hora en estudiar las pruebas presentadas en ausencia de representantes jurídicos de Telegram, a los que el creador de la aplicación, el ruso Pável Dúrov, había prohibido acudir y así “legitimar con su presencia una franca farsa”.

Argumentos de Telegram

Según la aplicación, la orden del tribunal viola el principio constitucional del secreto de la correspondencia, ya que otorgándole las claves de cifrado los servicios de seguridad, estos podrían acceder a los mensajes de cualquiera de sus usuarios.

“Las amenazas de bloquear Telegram a menos que renuncie a mantener en secreto los datos de sus usuarios no darán fruto. “Telegram defenderá la libertad y la privacidad” declaró Pável en su cuenta de Twitter el pasado 20 de marzo.

Telegram, que ha disfrutado de un rápido crecimiento y que cuenta con ya más de 200 millones de usuarios alrededor del mundo, está en el punto de mira de muchos países que acusan a la aplicación de facilitar las comunicaciones de grupos fundamentalistas como el Estado Islámico.