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En nuestra vida diaria, al menos para aquellos que no contamos con un medio de transporte propio, el transporte público se convierte en nuestra vía principal de transporte. Autobuses, metros, metros ligeros, taxis… con todos las combinaciones posibles entre ellos y unas rutas sobradamente establecidas y publicitadas por todos los andenes y marquesinas. Pero esto podría cambiar en cuestión de tiempo.

Quizás muchas y muchos ni lo conozcáis, pero  aplicaciones y webs como BlaBlaCar o Uber han conseguido una fuerte demanda de “transporte compartido”, una modalidad en la que bien nosotros o cualquier otra persona con un medio propio, pueden convertirse en conductores a los cuales pagaremos y con los cuales coincidiremos o no en sus rutas diarias.

Claro que esto no tiene porque ser nada nuevo, basta con acercarse a algunas de las marquesinas más abarrotadas de Madrid para fijarse en los anuncios de personas que acuden diariamente en su autómovil al trabajo y ofrecen, por un módico precio, un asiento en el mismo. Sin embargo, desde los países nórdicos, más en concreto Finlandia, nos llegan noticias de que el gobierno podría ir más allá, mucho más allá.

Según la fuente The Verge, algunas de las ciudades de este país podrían plantear para dentro de una década una forma de desplazamiento en transporte que englobe esta especie de “economía colaborativa”, un modelo que podría hacernos olvidar aquello de cientos de coches que a diario sólamente ocupan una plaza en su interior, con el correspondiente aumento de contaminación que ello supone.

Una idea que, de poder llevarse a la realidad bajo una misma aplicación que nos indique en todo momento qué conductores se dirijen hacia nuestros destinos, puede provocar una llamada de atención al gobierno por parte de las grandes empresas del sector así como una mejor conciencia de los individuos que pasarían a colaborar muy activamente en la reducción de la contaminación de las grandes ciudades.