Terminator Génesis o cómo saquear un clásico

“Terminator Génesis” es una muestra más de que la avaricia de Hollywood hace tiempo que superó a su imaginación y su respeto hacia si mismo. Un mito más, una saga más, que no podían dejar tranquila. Tenían que abrirla y profanarla como la tumba de un faraón. Y digo yo… que si vas a despertar a una momia, que sea para algo que merezca la pena. No sé, para imponer su deidad, para salvar el mundo, para sembrar el terror en él… o para preguntarle como era Jordi Hurtado de joven. Pero no es de recibo despertarla de su placido sueño eterno para rebuscar calderilla en sus bolsillos.

A veces, y solo a veces, este desempolvar momias que Hollywood ha puesto tan de moda da un lustroso resultado, pero generalmente da saqueos aberrantes… como el impresentable, casi herético, caso de “Prometeus”. Pero ¿que importa la decencia si lo que encuentran bajo las vendas de la nostalgia puede no ser lustroso, pero es, siempre, lucrativo?

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Muy pocas, poquísimas, son las veces en las que el resultado es realmente meritorio y deja una gran película que honre a su predecesora y que se apoye en algo más que en ver, una vez más, a los personajes con los que crecimos y soñamos. Por ello fue ejemplar y sorprendente la arrolladora “Mad Max, Fury Road.

Pero no es este el caso de «Terminator Génesis». Si por algo James Cameron hizo de Terminator un clásico, fue porque trazó un mundo terrible a la vez que creíble, con el que embobó a los niños, y no tan niños, de varias generaciones. Un mundo con una historia embaucadora y un malo malísimo delicioso. Y todo esto sobreponiéndose a unos medios limitados tanto por lo económico como por lo tecnológico, ya que no era una superproducción y corrían los 80. En cambio «Terminator Génesis» en pleno 2015, con el imaginario ya construido y el público ya atento, con tecnología y pasta a raudales… no vale un duro. Y si la película es mala… los malos son lo más malo de todo lo malo.

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¿Pero tán mala? Bueno… sí y no. No es más que una peli de acción del montón con una historia rebuscada pero sin chicha ni limoná, con nudos resueltos con “soluciones» tan estúpidas como solo las pelis de acción malas pueden ofrecer, con escenas incoherentes, frases huecas, efectos especiales cien veces vistos, personajes planos interpretados por actores aún más planos… vamos… el “abc” de una peli de acción de usar y tirar como tantas otras, para pasar el rato con la mente en blanco, viendo explotar cosas, sin perder un segundo en analizar lo idiota de lo que te están contando.

El problema reside en que esta no es una peli de acción del montón. Es una película que continua (o eso pretende) una de las mejores sagas de acción y ciencia ficción de la historia del cine. Entonces… te llenan la pantalla de un montón de guiños y de un interminable blablablablabla para justificar e hilar una historia que no se sostiene por ningún lado (que no comento por no spoilear)… y claro… cabrea.

Y para rematarla… pues te zampan un sinfín de chorradas (c h o r r a d a s… con todas las letras) como los puños americanos magnéticos… que ellos… hasta te intentan justificar.

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Otra odiosa comparación que podría hacerse entre estas dos momias desenterradas con desigual talento sería la de sus protagonistas. Las parejitas de la peli. Mientras que en «Mad Max» Tom Hardy y Charlize Theron se comen la pantalla (valga la frase tópica), la parejita formada por Arnold Schwarzenegger y Emilia Clarke da un poco de pena y un poco de risa floja. Emilia Clarke parece  perdida sin sus dragones y Arnold Schwarzenegger interpreta a un guerrero de un mundo postapocalíptico pero parece un arroz con pollo recién salido de una comedia romántica de domingo por la tarde… ambos en realidad parecen salidos de una comedia romántica y caídos por error en el rodaje de Terminator… bueno… bien pensado… también sus guionistas.

Así que de eso va «Terminator Génesis». De Profanar y saquear la tumba de nuestra infancia y de volver a vendernos sus gastados souvenirs como si fueran joyas recién talladas. De vaciar la sala mortuoria, de vender hasta los muebles y la memoria a precio de saldo y de llenar, faltaría más, las arcas de Cameron, Schwarzenegger y compañía.

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Cesar E.

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