El disco en solitario de Robe Iniesta: Entre Extremoduro y Julio Iglesias

Llegó «Lo que aletea en nuestras cabezas». Llegó el primer disco en solitario de Robe Iniesta, del alma máter de “Extremoduro”. Un disco que empieza con una larguísima, y aburridísima, canción. Una canción que dura más de nueve minutos, o eso pone en el papel, pero que se alarga y se alarga… y se alarga… y entonces se acabó el disco. ¡Cáspita! Con razón se hacía larga la dichosa canción. De verdad que hay que poner mucha atención para percatarse del salto de un corte a otro. El disco entero suena igual: tedioso y monótono como un discurso del Rey o una regañina de tu novia por llegar tarde otra vez. Pero es que además, esa canción larga que nos venden como un disco, es una canción que ya nos había vendido. Porque es una canción que suena como alguna de su penúltimo trabajo con “Extremoduro” “Material Defectuoso”… No sabes muy bien a cual, pero te suena… Bueno, más bien como un descarte del disco, porque es significativamente peor.

¿Por qué Robe, dueño y señor de su grupo, decide hacer un disco en solitario? Pues seguro que él mismo lo ha explicado con un montón de esa prosa poética de la calle que tanto le gusta abanderar. Pero lo cierto es que le ha dado por pasar del “clásico” sonido de grupo de Rock, con el que ha marcado una época, y ha decidido experimentar con todos los instrumentos que se encontró en el almacén de la orquesta de su pueblo. Porque la criatura, aún sangrienta y gritona, cabreada con el azote en el culo, suena a cualquier cosa menos a Rock. Y ni siquiera sus textos, identidad y pilar del personaje, son en este caso sustento salvable. Discursos huecos, rimas facilonas y previsibles, completamente faltos de inspiración o empatía que te dejan perdido en la más absoluta indiferencia.

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Lo único que nos recuerda que su progenitor es un mito del Rock es su horrible voz ronca y algún taco metido con calzador, por eso de guardar las apariencias. Su voz-carraspeo y sus frases mal sonantes, cojonudas para el Rock antisistema y callejero, chirría como un tren descarrilando en este intento de sonido melódico-poeta, rodeado de trompetas, gorgoritos y violines como si fuera Julio Iglesias o Marta Sánchez… No llega al nivel del «nuevo» Melendi (el asturiano juega en otra categoría al alcance de muy pocos)… pero vamos… Mal, muy mal… Como arañar una pizarra mientras suena la trompeta del hilo musical de una peli porno.

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Cesar E.

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