Netflix amplía el universo Star Trek con Discovery

Stra Trek

Hace 12 años se emitió el último capítulo de Star Trek : Enterprise, la —hasta ahora– última entrega de la saga en formato televisivo; desde entonces, todos los trekkies esperaban el retorno a la pequeña pantalla del universo creado por Gene Rodenberry. Con Discovery, la espera ha llegado a su fin: CBS All Access y Netflix –estos últimos, responsables de su distribución en España– han abordado el proyecto, ya no solo de continuar, sino de renovar y, sobre todo, actualizar la saga a un espacio –el de las serie– que durante estos doce años nos ha dejado notables representantes en la categoría de ciencia ficción.

Así, Discovery se sitúa aproximadamente diez años antes de la serie original y comienza con el encuentro de una nave de la federación, en la que ejerce de primer oficial la protagonista principal, Michael Burnham, interpretada por Sonequa Martin Green, humana criada por vulcanos, con una antigua estructura de origen desconocido. Esta resulta una nave Klingon, civilización que, en el período en el que transcurren los hechos, se nos muestra fragmentada a lo largo de la galaxia. A la vista está que el universo de la franquicia sigue ahí, y también lo hacen algunos de sus ingredientes más icónicos, como esas batallas de naves estelares que optan por un combate cuerpo a cuerpo de ritmo lento, propio de los enfrentamientos navales, en lugar de abandonarse a los frenéticos juegos del ratón y el gato de “la otra” saga galáctica.

Lo que parece que sí ha cedido terreno en esta nueva iteración de Star Trek es el espacio para el desarrollo psicológico de los personajes. Puede que se deba a las necesidades de ritmo que impone el tiempo transcurrido y las formas de consumo audiovisual, pero no aparecen esos lugares comunes entre su futuro y nuestro presente que servían para humanizar la frialdad de una sociedad tremendamente evolucionada, al tiempo que nos ofrecían una reflexión sobre nuestra propia conducta.

En los capítulos que se han emitido hasta el momento, los cuatro primeros, no encontraremos ninguna conversación de barra, o aquellos espacios donde Star Trek se escudaba en el juego para definir las relaciones entre personajes, desde las partidas de póker y el ajedrez tridimensional de “La nueva generación” al casino de “Deep Space Nine”, un recurso recurrente que está presente en muchos clásicos del cine. Era en esos espacios donde descubríamos la incapacidad inicial de un androide para interpretar un farol, o las intrigas de Quark, un cantinero ferengi de dudosa moralidad que se encuentra frente a una responsabilidad para con la comunidad con la que nunca habría soñado. Las historias personales nos conectaban emocionalmente a personajes muy diferentes a nosotros mismos.

Porque ese ha sido el futuro que nos ha presentado Gene Roddenberry y los responsables de las sucesivas secuelas, un futuro en el que la tecnología no eclipsaba al individuo, en el que se convertía en una herramienta integrada de forma natural en historias que empleaban la ciencia ficción para mirar al interior de sus personajes. Sigue habiendo un sentido, una intencionalidad, pero se ve desbordada por una tendencia que pretende convertir el entorno en un personaje principal, cuando hasta ahora solo era un secundario efectista.

Hablando de secundarios, no podemos dejar de comentar la figura del nuevo capitán, una presencia ambigua y que se nos define como un hombre comprometido con su objetivo hasta la obsesión, al que interpreta Jason Isaacs. Durante los cuatro primeros capítulos, su relación con Michael Burnham se confirma como uno de los picos de interés de la serie.

Puesto que la productora es CBS, no nos encontraremos con la temporada completa, sino que tendremos que aguardar al estreno de un nuevo capítulo cada semana. Para compensar la espera entre ellos, Netflix nos ofrece un sinfín de contenido trekkie, puesto que también se ha hecho con los derechos de toda la saga. Parece que la actual parrilla digital se actualiza para llevarnos a mundos desconocidos, en una misión para descubrir nuevas vidas y nuevas civilizaciones, hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar.

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