1990. Fit life. Vegan. Animador – Host – Influencer.

Ese perfil lo acabo de sacar de la cuenta de una persona que tiene apenas 2 700 seguidores en Instagram. Resulta curioso que eso de “Influencer” se repita en cientos de miles (me atrevería a decir millones) de perfiles.

Con todo este rollo de las redes sociales hemos incorporado a nuestro lenguaje muchas nuevas palabras (anglicismos incluidos): tuitear, postear, community manager, etc. Lo gracioso es que hay algunas que empleamos diariamente y que no tenemos ni la menor p*** idea de qué significan. Es por eso que hoy vamos a explicarles de qué va una de ellas.

Influencer (Influenciador)

La palabra influencer traducida al castellano significa literalmente “Influenciador”. Son personas que no son famosas pero que sí han ganado cierto prestigio a través de sus canales de YouTube, blogs o cualquier red social. ¿Y para qué les sirve este prestigio? Pues se supone que como son bastantes conocidos en un área especializada, su opinión sería algo así como la de un “experto”, de manera que muchas personas esperan sus comentarios antes de comprar productos como maquillaje, automóviles, cámaras, drones, videojuegos y pare usted de contar.

Algunas marcas aprovechan el poder que tienen los influencers de incidir en las decisiones de los demás y los buscan para hacer alianzas comerciales, de modo que puedan mejorar el posicionamiento de la marca. Gracias a estos contratos algunos influencers llegan a facturar incluso cifras anuales de 6 dígitos.

El problema surge cuando no existe ningún tipo de requisito que cumplir para que una persona pueda ser catalogada como influencer. No es como una carrera universitaria en la que el estudiante debe adquirir ciertas habilidades a lo largo del tiempo y que al final le permitirán recibir el título de Ingeniero o Doctor, por ejemplo. A falta de tales requerimientos, cualquiera puede ser llamado influencer, pero los más insoportables son aquellos que, sin tener ninguna clase de dominio en las redes sociales, se autoimponen el título.

Y es así como es posible que te topes con personas como la que te presentamos al principio de este artículo, con muy pocos seguidores, con un manejo terrible de sus redes sociales y que, sin embargo, no duda en llamarse un influencer.

Soluciones

Mi opinión particular sería que se forme una comisión interdisciplinaria encargada de establecer los requisitos mínimos que deba cumplir una persona que desee alcanzar el grado de influencer. De la misma manera, le rogamos a los responsables de las redes sociales que, en aras de preservar nuestra salud mental, impidan por todos los medios posibles que una persona que tenga menos de 10 000 seguidores coloque tal distinción en su perfil.